¡Sangre, sólo quiero sangre!

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Cuando el Hombre Lobo paseó su horrible figura por Madrid.

“La cara del lobo estaba a centímetros de la suya. Su aliento, caliente y húmedo, silbaba en el oído. Los dientes brillantes, grandes como un dedo, daban mordidas al aire y se acercaban a su garganta” Gary Brander, The Howling

“Somos los hombres lobo que aúllan a la luna y desgarran la carne. Afilados colmillos. Garras ensangrentadas. No tenemos miedo. Nosotros producimos el miedo. El cerdo se aleja de la pocilga y llegan los lobos” Black Mask/Motherfuckers “La niña tocó a la puerta. Entra, hijita. ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche. Come tu también, hijita. Hay carne y vino en la alacena. La pequeña comió así lo que se le ofrecía; y mientras lo hacía, un gatito dijo: ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela! Después el lobo le dijo: Desvístete y métete en la cama conmigo” Caperucita Roja

A lo largo de los siglos, una misteriosa y cautivadora figura ha poblado las peores pesadillas de una ordenación del mundo que ha querido permanecer siempre igual a sí misma, aunque cambiando de piel constantemente. Hijos de Caín que no se resignaron a ser rebaño sumiso y lucieron orgullosos su marca. Extraños seres que encarnaban el mal absoluto y que por ello fueron acosados, perseguidos, masacrados sin piedad. Aunque a menudo burlaron a sus perseguidores, como les ocurrió a los Dragones Reales de Luis XV, que persiguieron durante años una sombra, la Bestia de Gévaudan, mientras la verdadera bestia seguía desplegando toda su violencia y su sed de poder. ¿Quién era el salvaje, el lobo y el paysan o el Estado, sus beneficiarios y sus lacayos? ¿Dónde estaba la barbarie, en los bosques de la Auvernia o en Versalles, donde se decidían cruelmente los destinos de miles de personas?
Recordad que nada es lo que parece.

Hoy nos acordamos de algunos de ellos: Gilles Garnier, quemado en la hoguera en 1573 acusado de arrasar los campos y de cometer asesinatos. Jacques Rollet, recluido hasta la muerte en un manicomio, tachado de voraz caníbal. La adolescente que en 1978, en la localidad de Rosario do Sul (Brasil), dijo sufrir terribles visiones de demonios y hombres lobo. En 1949, en Roma, estuvisteis cerca. Los polis investigaron varias muertes, pero su habitual estupidez les hizo equivocarse nuevamente. Robert Anton Wilson, el escritor libertario y oscurantista… ”Goats forever!” (Werewolf Bridge), los jodidos y maravillosos Motherfuckers & International Werewolves Conspiracy from Hell y sus armas de ácido…

Necesitamos su ira y su hermosa negatividad creadora; ardemos por su locura para derribar esta podrida sociedad espectacular. Licántropos y extraños seres que se ocultan de día, o aquellos que pactan con el único partido posible, el Partido del Diablo (Tiqqun y su Partido Imaginario deberán esperar), son la más perfecta encarnación del individuo que vuelve a ser libre y que únicamente atiende a los dictados de su deseo. Un deseo que es como un fuego que devora todo a su paso. Un deseo indestructible e incorruptible. Por tanto, y sin lugar a dudas, ellos anticipan la forma que el revolucionario tendrá y que en absoluto se parecerá a otros momentos pasados de la guerra social. ¿Hacia dónde deseamos dirigirnos con nuestra violenta defensa del hombre lobo? La respuesta es clara: ”Vamos a avanzar hasta el confín de los límites…” (Bataille).

Si queréis seguir leyendo: http://www.lafelguera.net/web/Sangre-solo-quiero-sangre.html

Dejo el final del texto para quien le interese:

Los tiempos han cambiado, evidentemente. Necesitamos nuevas estrategias, pero también nuevos discursos; cambiar nuestra apariencia, mutar hacia lo inconfesable e imprevisible. En este escenario miramos atrás y vemos al antiguo Berseker, el guerrero lobo (el “ulfhednar” o pellejo de lobo), terribles guerreros que eran temidos por sus enemigos y que cubiertos de pieles, a la vez que poseídos por una extrema furia, aparecían de la nada atacando sin que el hierro les pudiese herir ni el fuego quemar. El Berseker es nuestro mejor aliado. El enemigo ya tiene a su propio ejército: los cuerpos de choque y la molesta pasma, pero que tan sólo son la expresión más vulgar del control, pero, y sobre todo, mantiene el dominio gracias a los chivatos, cómplices y colaboradores, los espías espiados, los delatores y los cobardes. Es decir, todos y cada uno de los que temen al hombre lobo, el ser escindido violentamente de la sociedad. Nos reconoceréis por nuestros ojos, que ningún poder podrá cambiar. Si os sumergís en ellos veréis amor y odio, la insoportable mirada de quien trae la guerra.

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